Un poco de lluvia no pudo aguarnos la fiesta. Cuando vimos los grandes charcos que se formaban al otro lado de la calle, en la biblioteca, supimos que teníamos que ir a verlos. Entre risas y emoción, dimos un paseo hasta allí y nos lo pasamos en grande chapoteando, saltando y viendo cómo las olas bailaban sobre el agua. A veces, los momentos más sencillos traen la mayor alegría.





