La semana pasada, mientras jugaban al aire libre, los niños se encontraron con un visitante especial en el patio: ¡una oruga! Después de investigar un poco, descubrieron que se trataba de un gusano militar de rayas amarillas.
Ese pequeño hallazgo despertó tanta expectación que los niños cogieron sus lupas y se lanzaron a la caza de bichos. Revisaron la hierba, miraron debajo de las hojas y se asomaron a las rocas para ver qué otros bichitos podían esconderse cerca.
Lo que empezó como un simple descubrimiento se convirtió rápidamente en una aventura práctica, dando a los niños la oportunidad de explorar la naturaleza, hacer preguntas y compartir sus descubrimientos entre ellos. Momentos como este nos recuerdan que la curiosidad conduce de forma natural al aprendizaje.







